3.03.2013

Highly Personal #1


 La vida no es justa. Es un hecho. 

Dicen que nada que valga la pena llega fácil, pero qué debemos pensar cuando logramos lo imposible, y nada nos llega? Es un dilema con el cual he vivido por la mayor parte de 6 meses. Cuando esa próxima etapa, ese capítulo tan esperado, comenzó a demostrar señales de que quizás no era tan mágico como esperaba. Nunca lo fue, pero siempre fue agradable. Ya hoy, 6 meses, y 1 año desde que comenzó, ya no aguanto más. 

En la pasada semana, he logrado despertar en mí un ser más pacífico, más positivo. Hasta cierto punto, un ser más ignorante. Creciendo un cínico, es imposible para mi decir en algún momento que estoy verdaderamente feliz, ó que siento auténtica paz interna. Luego de una semana de positividad, de enviar (y recibir, gracias) buenas vibras, de tomar los pasos para estar feliz con la vida y satisfecho con los logros pequeños, encontré lo imposible. No lo planeé, no lo buscaba, no me obligué:

Encontré paz. 

No fué un momento específico, ni un realización inmediata. Fue el sorprenderme al darme cuenta que estaba respirando con más calma, sonriendo -sólo-, y viendo un poco más de color en la vida. El descubrir que estaba emocionado por enfrentarme los retos que me propuse, y de nuevo estar ancioso por ver a mi amada. 1 de esas dos cosas arruinó todo lo que logré en una fracción del tiempo de lo que me tomó lograrlo. 

Aun en mi sarcasmo, y mi cinismo característico, me considero una persona decente. Mantengo enfoque en cómo me presento, en mantener mi 'clase', aunque nunca me preocupo por opiniones externas-- sólo me complazco a mí. Primero, yo; Segundo, yo; Tercero, Mountain Dew. Mi familia me crió enseñándome de valores y cuidándome de innumerables realidades de la vida. Nunca fuimos millonarios, pero nunca pasé hambre. Siempre fui curioso, "presentao," cómo dicen; mis aspiraciones desde niño hasta mi adolescencia saltaban de la ciencia, al arte, a los negocios, y hasta la moda. Mis intereses no conocen límites, igual que mis ambiciones. Y aunque soy un soñador clásico, nunca pierdo la noción del espacio y tiempo en el que vivo-- mis pies nunca dejan la tierra. Dicho ésto digo, quizás de manera egocentrista ó arrogante: merezco TODO lo bueno de la vida. 

Mi niñez no fue perfecta, mi adolescencia una tortura, y mi incompleta carrera universitaria un desastre. Memorias felices son pocas: Mis "go-to" son las navidades de mis 5-6 años, mis primeras navidades en Caguas, en el 2003-04, el crucero que tomé con mi familia y mi mejor amigo en 2009 y, triste cómo suene, pasar casi dos semanas sólo en mi casa el verano del 2011, mientras mi familia se disfrutaba un buen viaje por Orlando, FL. Hay una que otra, que sólo canciones me obligan a recordar (la producción de los Black Eyed Peas, "The E.N.D." evoca el resto del verano de 2009, por ejemplo). Pero, en general, es un número bajísimo para una vida (no muy extensa, admito) de 22 años. Aun así, de alguna manera, hoy soy el hombre chévere e intelectual que siempre quise ser. La vida me dió la mitad de un limón, y logré una limonada que sólo le quitaría la sed a un hamster. Pero lo hice.

Siendo el "catch" que creo totalmente que soy, he tenido sólo 2 principales historias de romances, las cuales se conocen quizás -muy- bien. Si no, pregunta, de seguro hay al menos 1 persona entre tus contactos que sepa la historia (incorrecta, pero algo) de la primera de esas 2. Sucede que soy un romántico Old Fashioned, un Hopeless Romantic. Al yo observar a una mujer, a una dama, no miro sus piernas, su trasero, su busto ó su rostro. Yo miro sus ojos y me pregunto si sería una -compañera- ideal. Mi métrica no es en si se ve bien físicamente, es en si me veo casándome con esa persona. Si no lo veo, no pierdo mi tiempo ó el suyo. Me he ahorrado un mar de locas, y una colección de anécdotas sexuales, pero I Regret Nothing. Mis estándares son altos, y mis expectativas más altas aun. Igual cómo yo espero que esa dama tenga estándares y expectativas altas. Yo merezco una Reina, y doy el 110% para merecer ser su Rey. Soy un hombre bueno, y hago bién por mi amada. Es ella mi futura esposa, y no la trataré ó consideraré  ni una onza menos que mi Diosa. Por no hacer este parrafo más largo, y dar más detalles de lo que debo (aprecio discreción sobre todo), diré que aunque estuve 100% convencido de que Ella, la segunda, era la que sería mi esposa, Hoy, ya veo que no será así. 

Y me Duele. Cuanto duele.

Cómo si el perder la paz corta y felicidad temporera fuera poco, hoy recibí noticia de que un ser muy importante para mí está mostrando señales cómo las que mostró su madre, una victima de la Diabetes. Perdiendo color y sentir en uno de sus deos de su pié, es lo que siempre supe podía pasar, pero lo que jamás quise enfrentar. Ya perdí a su madre, no quiero perderlo a él. Es de las pocas personas que, a sú manera, me aprecia como soy y me entiende. Me ha aconsejado y me ha guiado aun cuando él no tuvo el mismo consejo y guianza cuando él era niño. De más está decir que lagrimas ahogaron mis ojos al visualizar un futuro sin él. 

En una semana he logrado lo más feliz y lo más triste que he sentido en muchísimo tiempo. La Paz y el Caos Eterno. El Déja vu más patético. 

Entonces, te hablo a tí, que me lees. Eres bueno/a. Lleno/a de valores. Inteligente. Con potencial para lograr lo que quieras, y de encontrar la pareja perfecta. Te mereces -todo- lo bueno que la vida tiene para ofrecer. Pero qué haces cuando tu único constante es la desilución? ¿Cuándo lo único seguro, además de la muerte, es el dolor? Qué la solución, según fulano/a, sea orar a Dios para que te revele el camino, que Te brinde consuelo, y después de años intentándolo, te preguntas si tan siquiera llegan tu plegarias. ¿Vale la pena seguir intentarlo? ¿Vale la pena la lucha? ¿Vale la pena ser decente, cuando el mundo te obliga a ennegrecer tu alma?

De qué vale ser bueno, si la vida no te compensará. 


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